sábado, mayo 19, 2012

trastorno matemático

cuando uno tiene facilidad con los números los padres se entusiasman, piensan que les va a salir un contador que va a ganar dinero trabajando poco, o un economista (aunque no se ilusionan con la idea de que llegue a ministro y esas fantasías que en los 90 estaban aun en boga cuando se elegían carreras universitarias). Pero no se sabe nunca realmente a qué clase de números uno le tiene más cercanía. Son números, y uno los entiende y están ahi y los suma o los resta, o los divide etcétera.
Como cuando en el fútbol, había partidos que los jugaba muy bien pero después jugaba no tan bien el siguiente, en los números he sido irregular. A pesar de eso, he alcanzado cierto nivel en su momento de lo que he podido sentirme orgulloso: clasifiqué más de una vez para los juegos olímpicos de matemáticas (me gusta llamarlos juegos olímpicos), a nivel local, dos veces. Es verdad, iba por las facturas. Sabía que no podría pasar esa instancia. Pero una vez me pasó algo que no me puse jamás a analizar.
Se me dijo que había resuelto el problema y había llegado al resultado correcto, pero que el recorrido para llegar al resultado era inentendible. Había inventado un recorrido, quizás más largo, pero había llegado. Si me hubieran pedido que explicara lo que hice (tendrían que haberlo hecho en el momento) quizás me hubiera podido explayar, o no. En cualquier caso hicieron que un tipo de una iteligencia mediana se sintiera un incomprendido. Quizás fue mi primer acercamiento a la literatura, o al arte. Un matemático incomprendido no tiene mucha razón de ser, un artista incomprendido es lo más. Y se siente bien siendo un incomprendido, se siente uno a la vez fuera y dentro de su tiempo. En el límite, como quien diría.
En fin, el tiempo pasó, yo me olvidé de las matemáticas con un rencor del que también me olvidé. En el último año de escuela le pedí a la profesora que fuera benigna conmigo, que iba a estudiar literatura, y que no quería esforzarme para resolver esos malditos enigmas. Me dio el beneficio, y ya no escribí un número más en mi vida. Pero nunca dejé de sentirme docil a las matemáticas, nunca dejé de sentir esa facilidad.

viernes, mayo 11, 2012

Virgen de los matambres

Ama a tus amigos, nos ordenó. Porque no hay amor más grande que el que da la vida por los amigotes. Y tomamos al pie de la letra esta y otras imperaciones mientras le pedíamos por favor que nos librara de aquel pesado que hablaba todo el tiempo o nos concediera algo más: un amor.
Pensaba que el amor era lo más importante. Era la verdad. El camino a la verdad no es uno, pareciera, no era. Hay varios, por eso uno puede tomar el que mejor le quede, dependiendo de dónde está uno parado. Eso es lo difícil de saber. Un amigo se decidió: la filosofía es el único camino a la verdad. Debió haber agregado: que mejor me queda a mí. En ese momento creía que el amigo decía algo muy importante y cierto, una afirmación que me excluía de alguna manera porque no tenía facilidad para la filosofía, entonces quedaba excluído en el camino a la verdad.
Pero no, el camino a la verdad no era uno solo, también estaba el amor, que era un camino copado. Yo lo tomé sin pensar que me conduciría a la verdad, de la que ya me consideraba excluido para siempre. Pero bueno, la cosa es que lo tomé. No sé exactamente para que lado lo tomé, porque el camino del amor es una avenida ancha, y se cruza todo el tiempo con otros caminos. Algunas otras calles que he atravesado y otras que no, o que puedo haber pasado como lancha en la regata porque justo estaba en verde el semáforo, ponele.
Capaz que lo tomé para el otro lado entonces, no en dirección a la verdad, pero uno siempre anda dándole vueltas al asunto y capaz que en algún momento giré en u.
Pero creo que no.
Pedíamos un amor y teníamos todo lo demás. La amistad de los amigos: los ensayos del arte de la comedia y el drama, los partidos de beisbol, la barbaquiú. Nos miraba desde lo alto un dios al que conocíamos perfectamente: se nos parecía. Hablaba nuestro mismo idioma. Ni Nietzche ni su hermana lo podían matar. Era un dios bueno, el dios carbón, dios calor, dios energía. Venía el viento y lo reavivaba, venía dios y nos acariciaba como a la hierba en el prado.
Dios, quisiera ahora mismo volar como un barrilete. Y tu santa madre de los campeones, que asan el matambre, que nos acompañe en este vuelo, del que ya no volveremos, porque es el vuelo hacia la verdad. Despego como línea aerea de bandera extranjera, planeo como un billete de un dólar desde que cae desde la cima del Ever Est, siempre al este, siempre al levante, siempre en el horizonte.
Acá me detengo. Me pregunto qué tipo de barrilete seré? Me respondo, uno colorido, lleno de gracia de frente y de perfil. O mejor, un barrilete que se parecería a un globo aerostático. Hay algo que se me complica, debo decidir: Un barrilete tiene un vuelo sostenido, por un piolín. El globo aerostático en cambio viaja sin contacto alguno con lo terrenal. Viaja y va, quizás sin dirección. Lejos, lejos. Y también tiene colores.
Ya no me decido. No sé bien si quiero ser un globo aerostático o un barrilete. De cualquier manera veo el campo desde arriba, veo los caminos, veo la filosofía. Lo que no se ve bien es la verdad, pero a quién le importa la verdad a esta altura del partido.
¿A dónde tenías que ir? vamos que te llevo.






Mi ropa de Europa III

Tengo la ropa sucia. Y no tengo ganas de lavar la ropa.
Qué es la ropa y para qué sirve, me pregunto en la ducha. El agua caliente me recorre desde la punta de los pelos hasta la de los pies y yo aprovecho para meditar.  Epa. Ahora anoto y no soy exacto. No es esto mismo lo que he meditado. Ya lo he olvidado.
Entonces me desvisto otra vez, para ver si puedo recordar, y no es cierto. No me acuerdo, no puedo volver a meditar lo que estaba meditando hace un rato. Ahora trabajo incesantemente en este texto de Europa. Allá la ropa es diferente, allá la ropa es linda, es a la mode. Ahora sí me puedo acordar de algo que alguna vez he meditado pero no es exactamente lo que medité en esa ducha. Pero es algo.
La ropa es sagrada. Es leña en el fuego, leña leña y leña. Lo digo en el sentido de la ropa del otro. Es ropa de oro, es tela de satén, es seda del japón. Así es el deseo cuando quiere tocar lo que no está permitido. Lo quiere, y no va a claudicar en el intento. La mano viaja irrespetuosa hacia la ropa del otro, es un movimiento de desvestimiento. Quiere sentir la suavidad de esa tela que viste al otro, y cuando la siente en la yema del dedo se estremece todo uno, y el deseo aumenta.
Pasa todo el tiempo. En la calle, cuando pasa caminando vestida de oficina, antes de pensarla desnuda la piensa desvestida, o mejor dicho en el acto mismo del desvestir. Todo lo que viste embriaga, como el vino al mediodía.
Y después que el deseo se ha cumplido, y ha mudado a otro lugar del mundo, esa ropa en el piso, que se va juntando, de algodón, puro algodón, 100% algodón.

martes, mayo 08, 2012

Mi ropa de Europa II

Entonces salimos a comprarnos ropa. Estábamos en casa, lo más trio los panchos y eran las cuatro de la tarde de un sábado de intenso calor. El rock and roll no alejaba la sensación de malestar y transpiración. No pensamos que el aire acondicionado del shopping nos podría reconfortar un poco, solo pensamos que había que tirar todo el guardarropas y volver a hacerlo de cero. No fue literalmente esto, fue más bien la necesidad de tener una chomba roja para ir a la fiesta esa noche, a la que había que ir con algo rojo. Tampoco es que hiciera un calor demoledor, sólo hacía calor y teníamos ganas de comprarnos algo de ropa.
Hechamos basura en el contenedor porque no pensábamos volver hasta la noche. Eran un par de bolsas de residuos recicladas de bolsas de supermercado (no sé por qué andan diciendo que contaminan, por lo menos las podemos usar hasta dos veces antes de tirarlas definitivamente). También tiramos las 15 botellas de licor que quedaron de la orgía de la noche anterior. No eran exactamente de licor, algunas eran de cervezas y otras de aperitivos, y otras eran de vino. El licor se hace con vino? Más allá de esto, las tiramos. Y no había sido una orgía, pero le llamábamos así a esas reuniones en las que no nos animábamos a que empezara una orgía, sobre todo porque respetábamos a las chicas, no era fácil para nosotros decirles "desnúdense ya que las vamos a atravesar con nuestras espadas yoguis". No lo era. Ni ellas hubieran tomado la iniciativa. Aun así había como un clima en el que todos, sobre todo las chicas, se morían de ganas de que algo así sucediera. Pero ni siquiera éramos yoguis, y la "orgía" debía terminar en cualquier momento, porque al día siguiente haría un intenso calor y nosotros mismos, siendo las horas de la tarde, diríamos en voz alta de ir al shopping a comprar una chomba roja para la fiesta de la noche y un vestido rojo para la misma ocasión, y hablando siempre en voz alta y atravesando el frío total del shopping en pleno verano.
Habá ropa de todos los colores, y de lo más llamativas. Esa remera azul con rayas, parecía venida de Milano. Sobre todo porque decía Milano en la espalda. Demasiado explicito, convinimos. Ella quiso vomitar, no por la remera, sino porque habíamos tenido una orgía la noche anterior, y ella estaba descompuesta por el gancia, ese licor asqueroso.
Bueno sigamos, le dije, y seguimos, mareados, fríos. Caminábamos por el shopping repleto de gente a las cinco de la tarde ya, sin conseguir nuestra chomba y vestido, y abrazados como dos locos en una película con juan pablo belmondo.
Pasamos frente a un cine que estaba dentro del shopping, pensamos que el mundo ya no era mundo desde que los cines no daban sus frentes a la calles sino que estaban dentro de los shoppings. Dijimos que teníamos que amar los shoppings, que eran el futuro, y fue exactamente al construir esta idea que dijimos que había que poner en marcha el operativo mi tarjeta de crédito está nueva. Entramos a comprar cosas por todos los negocios. Ahora voy a hacer la lista, pero no sin antes decir que cada vez que la tarjeta de crédito marcaba disponibilidad era como que la orgía de la noche anterior desaparecía y nos íbamos sintiendo mucho mejor, ya como para ir a una fiesta de rojo a la noche.
Nos compramos una campera y una cartera de cuero, el vestido rojo, la chomba roja, ropa interior nueva, para todos, algunas zapatillas, cosas de deco para la casa. El colmo de todo fue cuando nos renovamos sendos documentos de identidad, ya estábamos muy felices. Meábamos por los pasillos, de felicidad.
Cuando nos subimos al auto decidimos que debíamos huir, pero antes una siestita reparadora.

lunes, mayo 07, 2012

Mi ropa de Europa

Y ahi es entonces que estando en la parada del colectivo se demora la mañana. Y ya no depende de uno, y de las ganas de ser puntual. Levantado y salido corriendo, sin desayunar, el frío se siente solo cuando uno espera el colectivo y este se hace rogar. A la distancia no se divisa la llegada del movil, y entonces recién entendemos que cada día es único e irrepetible, que cada día el colectivo solamente viene cuando viene. Y entonces es cuando entendemos que todas las cosas que nos pasaron en nuestra vida ya no volverán a pasar, y esto confirmará la regla de que muy difícilmente volvamos a pensar en eso que nos habíamos distraído pensando, sobre tal o cual cosa, ni siquiera cerca de eso estaremos... sí quizás parecido, o no. Entre las cosas que una persona durante el día, no queda nada. A veces uno piensa que algo ya ha sido pensado, y que está completándolo con un nuevo pensamiento: los discursos se mezclan, se recuperan, pierden exactitud. Ya ni se sabe.
Esto mismo, por ejemplo, sólo lo puedo pensar ahora, que ya estoy despierto y desayunado hace rato, y la mañana corre fiel, hacia delante, hacia el mediodía, momento en que levantaré mis bártulos y pasaré a otra oficina, la oficina de la tarde, la de vivir en paz con el mundo.
Pero el asunto no es ahora, este punto tan indefinido como preciso. No, el momento es la parada del bondi, y todo lo que hubo desde que abrí los ojos y sin prisa me lavé la cara, y me puse un jean, elegido sin cuidado, porque ahora vivo sin cuidado, y una remera, elegida sin cuidado también. Sencillamente, la ropa de mi guardarropas que junta restos de mis épocas de toda mi vida. Es como si me pusiera y llevara a cuestas mi propia historia. Este pullover, comprado en tal lugar, en un paseo de mediodía con tal o cual persona, o solo. Quizás siempre haya estado solo, quizás siempre estemos solos. Y las personas van pasando y eso nos hace sentir más solos, pero no, están, ahi, nos acompañan, nos dejan sus palabras que se transforman en nuevos discursos, en nuevos viajes, en nuevas tramas, en nuevos pensamientos que se van hilvanando, sobre todo a la mañana, cuando esperamos el colectivo y ya no tenemos ganas de escuchar el noticiero en el que tres voces divagan sobre el clima, entre 10 y 15 religiosos minutos, aburridos en decir si el frío es lindo o feo, cada mañana, mientras muere en una calle otra persona, mientras nace en un parto normal otra futura persona, estorbos que uno no quiere hacer conciente, porque todavía el sueño no ha desvelado los ojos, y nosotros aun no hemos encontrado la calma del despertar, yendo al trabajo.


Y salí a la calle y vi el mundo, como cada mañana.

Deberíamos procurar estar cansados para la noche. Para irnos a dormir más temprano.

lunes, febrero 20, 2012

dança

miércoles, agosto 17, 2011

facebook y yo

La gente pone fotos de perfil de su infancia. Les agarró como una manía de mostrar sus dotes de belleza en la tierna edad. Yo mismo tengo una en mi cuenta de facebook, pero todavía no la pongo de foto de perfil. Aunque ya la he puesto en el pasado. Es una foto donde estoy vestido con el uniforme del equipo de fútbol del club centenario. Se presta a confusión aunque claramente es una señal de lo predestinado: la camiseta de centenario es la misma que la de rosario central. Feliz coincidencia, la vida te va llevando y uno aunque no lo quiera termina siendo, solo siendo.
Pero quiero pensar en ese chico, de pie en el patio de su casa, con una pelota blanca y celeste detenida en la planta de su pie derecho. Los colores de la foto se han desteñido, como todas las fotos que tienen más de dos décadas, o siempre fueron así el cielo, la luz del sol. Tiene puestos unos botines, seguramente dentro de esos botines tendría unas plantillas para el pie plano, pero a él no le interesaba la plantilla, ni el centenario, ni la pelota, ni la foto. El pibe está mirando la cámara, y está pensando en otra cosa, en otra cosa que voy a decir dentro de un par de párrafos, porque ahora quiero detenerlo. Quiero que te quedes quieto ahi.


Ni por puta se me hubiera ocurrido que era feliz o infeliz, o que recién salíamos de una dictadura, o que había habido una guerra de verdad. Ese pibe, el de la foto, jugaba en el patio baldío (seguro que no era un baldío, pero esa luz, la de la foto, la reconozco, es la luz del invierno, y el pasto en ese lugar del mundo, en esa época del año, se toma el exilio, se pega el palo, y los terrenos, sea cual fuera, quedan al desnudo, las canchas de fútbol son de polvo, tierra y nada más, sea cual fuera). El patio de esa casa era de baldosas. Tenía una pared, que alternativamente podía llamarse burruchaga, giusti, abramovich, o el rubio que jugaba en boca y en independiente, que ahora no me acuerdo el apellido.

¿Qué les pasa a las fotos de la infancia? No éramos, tanto como no somos. La vida automática, impensada, no revestía deseo. O bien, a ver cómo se dice esto, el deseo era otra cosa, más sencilla. Era un objeto mucho más conciso, real, claro. Ese chico, horas después, en la ducha, sacándose la mugre de un día de fútbol, sin pensar siquiera en la mugre, ni en el fútbol, ¿qué pensaría? ¿Cómo ya saberlo? Se ha perdido. Sin embargo algo persiste, en la foto. Queda la foto, la congeladora de la belleza, de la ternura, de una manera de sentir, con la pelota en la planta del pie. Los goles hechos, los goles salvados. Las asistencias, el juego, todo, se ha perdido.

Pero no importa cuando el mundo es basto y el tiempo sigue su curso, no importa desde la perspectiva de la humanidad, para la que somos apenas una migaja del pan arrojado a la basura de la insignificancia.
Pero ese pibe en la foto, lo escribo para mí, soy yo.

Era defensor.
Esa mirada clavada en el arco. El pibe piensa en un gol. El pibe piensa en los abrazos, y en cómo salta maradona cuando mete el gol, con el puño para arriba, y diciendo gol, con el músculo de la cara y con biceps y triceps significando goal, goal. Ese pibe, al que le quitaron el sueño de ser arquero y salvar el penal arrojándose como ave eterna, hacia la izquierda, ese pibe que ahora pisa, en mis sueños, otro campo de juego, que entra haciéndose la señal de la cruz sin que le importe demasiado, que lleva una ramita de ruda en la media de la pierna derecha, ese pibe que en el vestuario del equipo, el jueves a la tarde, lo nombraron entre los titulares y no entendía de qué le hablaban, ese pibe que se saca la foto, vestido de rosario central con la camiseta de centenario de venado tuerto, ese pibe que era quizás yo, tiene, cuando mira a la cámara, entre ceja y ceja, un gol.
Y me lo ponían de defensor.

Igualmente el viejo le decía que pasarela, que era defensor, también metía goles.

lunes, julio 04, 2011

NYCEND

sí, vuelvo a abrir la revista que me regala la linea aerea. Nueva York, dice, una ciudad para soñar. Al lado, en columna B lo titulan en inglés "New York, a city for dreaming". No entienden nada. Cómo van a soñar en la ciudad que nunca duerme, es una contradicción.
El televisor da la temperatura: 9º. He vuelto al frío. El viaje llega a su fin. Las fotos de la revista me cuenta una historia de una ciudad en la que nunca estuve. He recorrido Nueva York, en el calor del verano, bajo una lluvia apacible, bajo un sol exquisito, pero jamás vi la fachada de este hotel de ochenta estrellas, ni la gárgola en la cima de cierto edificio. No he visto el museo pindorg, no. La he caminado quizás de punta a punta, la he recorrido de cabo a rabo. He intercambiado con gente. He hecho malos negocios y en una colección de buenos momentos. Me he estremecido habitando la ciudad que amaba ya en sueños, y puedo decir que la sigo amando, y ahora ya no en sueños. La he conocido. He pisado el suelo soñado, el sueño suelado. He habitado mi propio sueño. Sí, debo reconocer que existe.
No he podido saber si la gente que vive en mi sueño, o mejor dicho en la ciudad de mis sueños, sueña a su vez con otras ciudades, quizás la mía. Bueno, no importa. Lo importante ahora es que puedo hablar y contar que he conocido esa ciudad, y todo se ha resignificado. Ahora puedo habitar mi ciudad, y saber que no está tan lejos esa otra ciudad, y que la he conocido finalmente y he conocido cosas que no podría haber imaginado antes, y que al mirar con otras perspectivas las cosas, diferentes a las de estas fotos de esta revista, uno puede ir dándole a la cosa nuevos significados. Digo, quiero hablar de lo cambiante de los significados de las cosas, del tiempo, de las diferentes dimensiones de los espacios en el tiempo y del tiempo en los espacios. La esquina en la que cada mañana pasa el bus que me lleva a mi trabajo no es la misma esquina cada mañana, y sin embargo ya no será la misma luego de mi larga ausencia, y va a ser una esquina más, importante porque es la esquina en la que cada mañana detengo mi bus, importante porque la piso cada mañana y observo que esa baldosa que ayer parecía recién colocada hoy está floja, pero ahora va a ser una esquina más o menos parecida a las esquinas de la ciudad de mis sueños, a Nueva York.
Y así, cuando vea a Nueva York en una película encontraré nuevos significados a la ciudad que acabo de conocer y que fue durante toda mi vida la ciudad de mis sueños y que ahora reconozco como una ciudad que está lejos pero tampoco tan lejos como para decir que es imposible llegar. Y en esa película, cuando el personaje recorra la ciudad, voy a poder mirarla y volver a soñarla, y volverá a mi el deseo de recorrerla un poco más, y volveré a soñarla bajo el signo de ese deseo, como cuando Rick le dice a Ilsa Siempre tendremos Paris, y yo me dire siempre tendremos Nueva York.
Siempre tendré, habrá: ese futuro que proyecta un pasado, que se agiganta en nuestra sensibilidad, en la espiritualidad. Y sin embargo habla de un espacio, es un tiempo hablando de un espacio. El tiempo no vuelve, el espacio no es más el mismo, cambia constantemente. Este frío invierno argentino simultaneo en el tiempo a ese benévolo verano nuevayorkino, no es en nada parecido al invierno pasado, ni al infierno de cada día.
No somos nada. La libreta ya se agota, he derrotado las páginas por primera vez en vida mía, he podido escribir, y no he escrito una historia sino que he anotado una ciudad, y el transcurso de un tiempo determinado en ese espacio.
Los eventos de la vida son la medida del tiempo. El tiempo es propio, es de cada cual. Yo he estado en Nueva York y todo ahora será antes o después de haber estado en Nueva York. Por un tiempo todo será así. La primer semana de regreso será toda de contar historias de Nueva York, será eterna. Luego se acelerarán, o se retardarán si algún día aparece la posibilidad de un nuevo viaje a la Nueva ciudad de York. Los minutos serán vividos más o menos intensamente. Ya nada importa, estamos al borde de la muerte y no importa nada más que eso.
Qué poco y qué rápido reflexiona uno. No llego a anotar todas las cosas que se cruzan por mi cabeza que sin embargo no son tantas, o no son tan profundas como desearía, porque uno desea siempre imitar las profundidades de otros. Y qué sabe uno, si las propias profundidades no son tan profundas, porque al fin de cuentas, puede haber otras profundidades pero con diferentes accidentes por lo tanto no iría por el mismo camino que uno por lo que se concluye que cada experiencia de relieve marino o no es buena y no tiene igual, por lo tanto igualmente importante. Yo, mi yo miyo, como new york new york. Podría soñar ahora con París?
La ciudad ha quedado atrás, el mundo ahora es bucólico, es rural, esta casa que me toca habitar queda en medio del campo.
Y ahora, señoras y señores, me limito a ser esto. La voz enmudece, las manos dejan de escribir quizás, otra vez, para siempre.
Estoy en casa.

NYCXVI

Encuentros con la policía de Nueva York. Qué presencia, señora. Están en todos lados, saben todo.
Me ven pasar y no soy un sospechoso. Pasa el power ranger rojo y ya lo miran mal, pero a un tipo como yo que tiene su visa, su pasaporte, su cara europea, todo bien, te miran e incluso te saludan. Qué buena es la policía de Nueva York, jamás imaginé que diría algo semejante. Enseguida están ahi para ayudarte, ante cualquier reclamo, cualquier necesidad. Entrás a un negocio y te parece que te están cobrando de más, ahi está la policia para intermediar. Vas caminando y te llama el policía y te dice si serías testigo por el robo del pancho al panchero de la esquina. Vos le decís nou comprendou y te dejan en paz.
La policía me pregunta si tengo algo que ver con el crimen de la vecina que mataron ayer, yo le digo que nou comprendou, y está todo bien, además ya me estoy yendo, qué quieren que les diga, está todo bien, cada minuto de mi vida en Nueva York vale lo que el oro, no tengo tiempo para perderlo en policía, por más bien que te traten.
Bueno, hoy me tomé la lancha y me dejó por acá, con el monkey de la música. Me hace acordar cierta canción de cierto artista de mi país. Pude visitar ciertos lugares, sí, muchas cosas que se ponen en contraste con la ciudad innombrada, donde suelo vivir. Acá hay una ciudad, la ciudad de mis sueños, allá suele haber una ciudad, anclada, demandada, cotizada, reventada. Así se llaman los barrios de mi ciudad, que tiene dos caras, una pampeana y otra litoraleña, como si la propia ciudad representara un límite, como si una de sus calles, oroño ponele, marcara el final de la pampa húmeda y el principio del litoral, y viceversa. De acá para allá llueve y es bueno porque favorece las actividades agropecuarias, pienso, ponele, pero de acá para allá se mojan los pescadores en el paraná cada vez que llueve.
No, lo pienso otra vez y es imposible escindir una cosa de otra. Está claro que el tipo pampeano, el tipo de la llanura, no piensa en términos de economía ictícola, no come pescado, digamoslo llanamente. Pero una cosa no se puede dividir de la otra. Es el mismo frío que me espera allá, la semana que viene, cuando vuelva a casa. Hoy me llegan noticias de que hace 3 bajo cero, y yo tomando un matecito al sol, las viejas de Brooklyn en la vereda, los pibitos corren en la esquina.
Hace mucho calor, es la hora de la siesta. Un negro toca el timbre de una negra. Dentro de un rato se escucharán gritos, le hará un hijo negro. Pasa un maricón con una pizza de entrega. Comen pizza al mediodía, la pizza de Luigis. Este es el paisaje nuevayorkino. Vos te reís, pero lo viste en una película de Spike Lee. Pasa la tarde, mansa, como en cualquier barrio zanjado de rosario, en que la tarde pasa mansa, como a las 3.
Cuando el calor no se soporta más aparece un padre de uno de los pibitos que revolotea con unas figuritas, aparece con un martillo o unas pinzas. Parece que va a reventarle la cabeza al dueño del sol, al que trae este calor que ya es insoportable, calor que ningún aire acondicionado ya puede apaciguar. El calor ese que te hace sentir que estás viviendo en el mismo horno de dios, y que los hijos de dios están esperando que saque del horno doraditos nuestros cuerpos, para comernos mejor. No! dice uno de los hijos de dios, a mi me gusta sequito! Entonces el horno no para de cocinarte. Y el padre de uno de los pendejos golpea en el sombrerito de un banquito que hay en todas las esquinas de Nueva York pero este es en la esquina más mansa del barrio más manso de Nueva York. Entonces sucede la magia.
El arco iris sale en un día sin nubes. El cielo está azul increible, la tarde te hace llorar de la emoción. Estás en Nueva York. Entonces las criaturas de todo el barrio se colocan debajo del chorro potente del agua de los bomberos y apagan el fuego que dejará con hambre a los hijos de dios, y todos nos metemos debajo del chorro y todo el barrio se moja, y cuando todos están más frescos y ya son las 4 y media de la tarde y las señoras se acomodan en sus sillones y sus reposeras en las puertas de las casas, entonces los pibes dejan de solo mojarse y empiezan a jugar y a saltar en la calle encharcada, y gritan y cantan. Es Nueva York, la última postal detenida la guardo en mi retina. Mañana tengo una reunión y ya se termina mi viaje. Debo regresar al frío, al invierno, a la pampa húmeda. Al café con leche, al fútbol para todos, a los amigos contando las bromas de siempre, al vino agrio, a la cama, a la almohada que ya no sé qué sueños me traerá porque el sueño de Nueva York se ha cumplido.
Podría empezar a soñar con un auto. Y cuando tenga un auto soñaré con otro auto mejor, o con una casa mucho más grande. Sueños capitalistas. Deseo de tener. Deseo detener. Detengo este razonamiento estúpido, me detengo en el medio de una calle para que me pise un camión, para que me lleven al hospital para quedarme más tiempo en Nueva York, para quedarme a vivir en Nueva York, lejos del frío, lejos de todo lo que me muele la cabeza, lejos...
Pero en Nueva York no te pisan los camiones, todas son sendas peatonales.

jueves, junio 30, 2011

NYCXV


Se agotan los saldos, se agotan las energías. Se agotan las entradas. Todo va fluyendo gota a gota hasta que ya no queda más. Hasta la última gota de sangre, hasta la gota gorda, hasta desagotar las cañerías.

Los estados de la materia son líquido líquido y líquido. Un líquido que sale del pene, una partícula infinita de ese líquido sos vos, soy yo, somos todos. La otra parte se va por las alcantarillas, y nadie hace nada. Somos líquido, somos agua. La sangre no es agua: en algo nos parecemos, tú y yo a la nieve, tú en lo blanca y galana, yo en deshacerme.

Nueva York está rodeada de agua, por todas partes la gente cruza puentes, todos los días los puentes se rompen para que un suicida vuelva a intentar perder la vida como si eso tuviera algún sentido. Pero nadie se acuerda del suicida porque el mundo ya no se acuerda de nadie, ni de vos, ni de mi, ni de diego armando maradona. Ya nos vamos yendo todos, con nuestros hermanitos perdidos y nuestros hijos desechados, por las alcantarillas. Una chica toma el anticonceptual, otra se saca el fétido peso de la placentera noche de verano. Todos por igual ca ca ca ca ca ca. The KKK took my baby away.

Agua para Nueva York: la ciudad con mayor cantidad de habitantes por litro de agua potable de reserva en el océano glaciar ártico. Ya tienen compradas las millones y millones de botellas que contaminarán el mar dentro de cien años, hacen bien, piensan en los hijos de los hijos de sus hijos, suponen que no se irán por las alcantarillas. Por qué no les van comprando también las pastillitas de éstasis para sus fiestas reifs que se van a dar dentro de 100 años? Tan precavidos, ellos que tuvieron que romperse las costillas trabajando, qué otra cosa pueden desear para sus hijos, qué más y mejor regalo les pueden otorgar que la posibilidad de no tener que trabajar, de ser por fin unos esclavistas hijos de puta. Todo amo desea un esclavo. Todo esclavo desea ser amo.

Lucha de clases. Carlitos mar se hacía un festín por las calles de Nueva York. Porque sí, para escribir el capital tuvo que visitar la capital del mundo, donde todo es verdad. Acá solo hace falta que un lider se atreva a apretar ese botón, ese botón rojo y se autodestruirán todos los ejemplares de los libros de Marx, de papel o digital, o como sea. Desaparecerán. No lo hacen por compasión, no lo hacen porque defienden, acá sí, por fin alguien, defienden la libertad.

La libertad de expresión, la libertad de vivir en libertad, la libertad de la estatua que te recibe con su antorcha para iluminarte en tu camino de la libertad, porque la libertad es la luz, la iluminación, la luminaria, la luz del saber. Estudia y eso te hará libre, estudia y sabrás valorar la libertad. Libres nos hizo dios, esclavos nos hace Marx. Pero para ser definitivamente libres debemos conocer a Marx y sus ideas esclavistas.

Nueva York, ese oasis en el desértico camino hacia la libertad. Una estatua te recibe a tu nueva vida, la nueva vida en Nueva York. Qué quieres ser? mecánico de automóviles? En la calle 33th puedes encontrar un local, alquilarlo a un módico precio, algo que recuperarás por lo menos en los próximos años, ahi tienes una fosa y toda la grasa lista para manchar tu cuerpo, como mecánico que quieres ser. Acaso quieres ser abogado de una prestigiosa oficina de abogados? Ahi tienes un montón de gente fresca, ofreciendo a cambio de poca cosa sus cabezas, sus riquezas, sus malezas. A dónde quieres ir? aqui tienes todo, en Nueva York, la ciudad que nunca duerme.

Vamos a bailar? danza conmigo, dancemos esta música como fred astaire con ginger rogers, aqui me tienes, baila, vuiela, sedúceme tal como eres, Nueva, York, mirame cómo zapateo, un zapato mío vuela por sobre tu cabeza y tú no te das cuenta, mis medias se rompen bailando al compás de esta música que canta Frank Sinatra, y yo soy Fred Astaire sin medias, y sin pantalones, y sin camisa ni saco, me desnudaré para dormir en central park esta noche de verano. Me voy a dar un chapuzón en tu laguito, voy a lanzarme a todo motor, voy a secuestrar una lancha un yate y voy a recorrer el río hasta llegar a la desembocadura del mar, y voy a ser james bond, perseguido por sus socios de la CIA, la compañia de Nueva York. Una mujer hermosa saldrá de los camarotes, vestida de fiesta con un vestido negro, escotado, brillante, tomará dos copas, les servirá champán y se acercará a mi, el timonero fiel al timonel del yate, y sin más navegaremos directamente hacia el triángulo de las bermudas para desaparecer para siempre en la alcantarilla del planeta, con la felicidad extrema de desaparecer del planeta haciendo lo que más nos gusta, jugando al pool en la mesa del yate. Meciéndose el yate, empujando las bolas de un lado a otro, esquivándole a los hoyos... Una música sonará y bailaremos, como Fred Astaire y Ginger Rogers, ella reirá, entonces volveremos a Nueva York, bailando en un barco, como en esa película en que Fred baila en la cubierta de un barco, y baila en las escaleras y baila en el salón, y baila en la chimenea, pero no, volveremos hasta Nueva York y haremos la danza de la lluvia y bailaremos in the rain, porque ahora mismo empieza a llover en Nueva York, y yo estoy loco, loco, loco. Y soy libre, porque por fin la estatua me dio la luz y la luz me dio la libertad.

Hoy voy a comprar acciones en wall street. Microsoft, coca cola, google, burguer king, movicom, starbucks, no pueden fallar. Mañana voy a ser rico, millonario, y voy a ser tan rico que Nueva York me va a pedir que me quede para siempre, que no me vaya, que no me tenga que ir ya nunca más.